La Cura para la Conversión Falsa: El Arrepentimiento

Otra vez me ocurrió hace poco. Mientras comía con un pastor, le mencioné que creo que el problema teológico más importante que enfrenta la Iglesia hoy es el de la falsa conversión.

La reacción del pastor fue clásica. Sólo se quedó mirándome como diciendo: “¿Estás bromeando?”  Me di cuenta de que nunca había pensado en eso antes y que para él esto no tenía ninguna importancia.  Su mirada tenía mucho que decir. No hay duda de que él podía pensar en muchos más problemas que la Iglesia está enfrentando hoy en día.

Pero yo creo firmemente que la conversión falsa es uno de los problemas espirituales más importantes con el cual los líderes deben lidiar en la Iglesia hoy en día. Porque es un hecho, hay muchas personas en nuestras iglesias que tratan de vivir la vida cristiana y que no pueden, personas que creen erróneamente que se han convertido, pero claramente no es así. No estoy hablando del cristiano verdadero que ama a Dios y está luchando con algunas áreas de santificación en su vida, pero que dan una clara evidencia de que han nacido de nuevo por el fruto en general en su vida.

Sin embargo, hay un número masivo de personas en las iglesias hoy a quienes se les dijo que lo único que necesitaban para entrar al Reino era repetir una oración y ya entraban. Algunos de ellos fueron seducidos por un evangelio falso, que les prometía una gran vida una vez que repitieran la oración – el fin de sus problemas, paz mental, bendición financiera, etc.  Estos supuestos conversos respondieron al ser atraídos por la idea de que Dios estaba más interesado en su felicidad que en su santidad. Después de todo (se les dijo), “Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida”, lo cual resulta muy bien ya que es algo que atrae al egoísmo innato de los pecadores. Así comenzaron la vida cristiana sin sospechar jamás que habían sido engañados al pensar que realmente fueron regenerados.

Hay varias razones para esta epidemia de conversión falsa, pero voy a discutir más a fondo una de ellas a la que ya me referí: nuestras prácticas de iniciación superficiales cuando se trata de instruir a las personas en cómo entrar al Reino. Por el deseo de hacerlo simple, hemos reducido nuestra respuesta bíblica a repetir una oración, la cual se conoce comúnmente como la oración del pecador.  Esto es supuestamente bíblico ya que simplemente lleva a la persona a “confesar con su boca al Señor Jesús”, lo cual cumple con el mandato bíblico en Romanos 10:9.  Una persona está recurriendo al Señor y también “recibiendo a Jesús” (ver Juan 1:12), lo cual es otro ejemplo de simplificar demasiado lo que dicen Las Escrituras.

Leonard Ravenhill dijo astutamente que la oración del pecador ha mandado a más personas al infierno que todos los bares en este país combinados.  La razón es porque la persona en el bar todavía puede darse cuenta de que necesita a Dios, pero la persona que cree que ya tiene a Dios y no lo tiene, está viviendo en una oscuridad atroz.  Jesús en el sermón del monte nos advirtió del peligro de pensar que la oscuridad es luz:

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6:22-23)

Muchísimas personas han sido llamadas cristianas por el mero hecho de repetir una oración.  No cabe duda que algunas personas han sido salvas por repetir la oración, pero la evidencia será la prueba de que han sido preparados previamente por el Señor.

Si queremos lidiar con el problema de la conversión falsa, debemos regresar al método bíblico de instruir a la gente cómo entrar al Reino. Es un método probado que ha sido practicado por los profetas de Israel, por el precursor de nuestro Señor, Juan Bautista, por el Señor mismo y por los apóstoles a quienes él envió. El método es llamar a las personas al arrepentimiento como primer paso. Es más que un simple asentir mentalmente al hecho general de que soy un pecador; se trata de una convicción de mi pecado que me trae hasta el punto que hay un “cambio de mente” sobre la manera en la que he estado viviendo y aceptar el veredicto de Dios. En Las Escrituras se llama arrepentimiento y es el primer paso a la verdadera entrada al Reino.  El arrepentimiento no es una emoción, aunque a veces viene acompañada de poderosas emociones.  Es un “cambio de mente” que produce tristeza por el hecho de que he estado viviendo sin Dios como si yo mismo fuera Dios.  Nadie puede entrar al Reino sin haberse arrepentido de verdad sin importar lo que se le haya dicho antes.

Las personas pecadoras egoístas a quienes les dice que reciban a Jesús para que tengan una mejor vida no van a mostrar ningún deseo de vivir una vida santa. Eso es porque han comenzado sin arrepentimiento, creyendo erróneamente que Dios les debe una vida mejor. Pero Jesús murió por el pecado, y la persona arrepentida entiende que como pecadores son culpables y sólo merecen el juicio eterno. Es triste que nuestras iglesias estén llenas de gente que todavía ama su pecado, habiendo comenzado sin arrepentimiento.

Si queremos lidiar con la epidemia de la conversión falsa en la Iglesia hoy en día, debemos evaluar una vez más nuestras prácticas de iniciación.  Y si hacemos esto, iremos al punto de llamar a pecadores culpables al arrepentimiento como primer paso para entrar al Reino de Dios.

“Arrepentirse y creer en el evangelio” (Romanos 1:15).

 

Por: Neil Silverberg

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