El corazón del Ministerio de Damas es guiar a las mujeres hacia una intimidad mayor con Dios, de modo que lleguemos a comprender mejor quién es nuestro Padre celestial y quiénes somos nosotras en Cristo. Con todas las ocupaciones diarias y la influencia del mundo en que vivimos, la idea de quiénes somos como mujeres y qué es lo que debemos estar haciendo se vuelve muy confusa. Por eso, es nuestra intención dedicarnos a estudios de la Palabra para volver a la verdad de lo que Dios quiere para nosotras según su maravilloso plan.
En el pasado hemos realizado estudios sobre nuestra identidad en Cristo, el diseño de Dios para la mujer, ídolos del corazón y cómo la Verdad nos hace libres, etc. Para mayor información sobre estos estudios pueden comunicarse con nosotros.

Oración por las mujeres

Por John Piper

Mi desafío más serio y oración por ti, es que en todos los aspectos de tu vida, sea cual sea el llamado que Dios te haya hecho, te dediques a dar la gloria a Dios. Que puedas confiar tan plenamente en las promesas de Jesús que con Su paz, gozo y fortaleza llenes tu alma hasta rebozar.

Que esta plenitud de Dios se desborde en actos diarios de amor, de forma tal que las personas puedan ver tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre en los cielos.

Que seas una mujer de la Palabra, que ames, estudies y obedezcas la Palabra de Dios en cada una de sus esferas de enseñanza; que la meditación en la verdad bíblica sea la fuente de tu esperanza y fe; que continúes creciendo en entendimiento a través de cada uno de los capítulos de tu vida, sin pensar que el estudio y el crecimiento están destinados a otras personas.

Que seas una mujer de oración, para que la Palabra de Dios sea revelada a ti, y así el poder de la fe y santidad descienda sobre tí; que tu influencia espiritual aumente en el hogar, en la iglesia y en el mundo.

Que seas una mujer con un profundo conocimiento de la gracia soberana de Dios que es la que sostiene todos estos procesos espirituales; y que seas una pensadora profunda acerca de la doctrina de la gracia, y más aun, amante de estas cosas.

Que estés totalmente comprometida con el ministerio, sea cual sea el tu llamado; que no malgastes tu tiempo en revistas para mujeres o pasatiempos sin importancia o comprando; que redimas el tiempo para Cristo y Su reino.

Que si eres soltera, explotes tu soltería al máximo en devoción a Dios (de la forma en que Jesús, Pablo, Mary Slessor y Amy Carmichael lo hicieron) y que no te paralizes por el deseo de casarse… Y que, si estás casada, apoyes el liderazgo de tu esposo de forma creativa, inteligente y sincera, tan profundamente como la obediencia a Cristo te lo permita; que animes a tu esposo en el rol que Dios le ha entregado de ser cabeza del hogar; que influencies a tu esposo espiritualmente, primariamente a través de una valiente tranquilidad, santidad y vida de oración.

Que si tienes hijos, aceptes la responsabilidad junto a tu esposo (o sola, si es la situación) de criar a los hijos en la disciplina y amonestación del Señor, hijos que tengan su esperanza en la victoria de Dios—compartiendo con tu esposo la enseñanza y disciplina que ellos necesiten, y dándoles la atención especial que ellos requieran de ti, así como ese especial toque y cuidado que solo una madre está equipada para dar.

Que nunca asumas que ese empleo secular es un mayor desafío o que constituye un mejor aprovechamiento de tu vida que las innumerables oportunidades de servicio y testimonio en el hogar, en el vecindario, en la comunidad, en la iglesia, y el mundo; que no solamente te plantees la interrogante: ¿Debo ser profesional o ama de casa a tiempo completo?, sino que te preguntes seriamente: ¿Debo ejercer mi carrera a tiempo completo o tener libertad para el ministerio? Que te preguntes: ¿Qué sería mejor para el Reino de Dios: ¿Trabajar para alguien que te dice qué hacer para hacer que su negocio prospere o ser un agente libre de Dios, soñando tu propio sueño acerca de cómo tu tiempo y tu hogar y tu creatividad pueden hacer prosperar la causa de Dios? Y que en en medio de todo ello puedas tomar decisiones basadas, no en tendencias seculares o expectativas de un estilo de vida próspero, sino sobre la base de lo que fortalecerá la fe de la familia y avance la causa de Cristo.

Que evalúes (con tu esposo, si estás casada) y planees las diferentes formas del ministerio de tu vida en capítulos. Los capítulos están divididos por diferentes cosas: edad, fortaleza, soltería, matrimonio, trabajo, hijos en el hogar, hijos en el colegio, nietos, retiro, etc. En ningún capítulo encontrarás todas las alegrías. Esta vida finita requiere una serie de compromisos. Encontrar la voluntad de Dios, y vivir para la gloria de Cristo al máximo, en cada capitulo de nuestras vidas, es lo que la hace exitosa, y no si dice lo mismo que el capítulo de otra persona o si incluye algo que solo verás en otro capítulo de tu vida.

Que desarrolles una mentalidad y estilo de vida de tiempos de guerra; que nunca olvides que la vida es corta, que miles de millones de personas están diariamente en la balanza entre el cielo y el infierno, que el amor al dinero es un suicidio espiritual, que los objetivos de movilidad ascendente (mejor ropa, automóviles, casas, vacaciones, comida, pasatiempos) son un pobre y peligroso sustituto de los objetivos de vivir para Cristo con todas tus fuerzas y el maximizar tu gozo ministrando a las necesidades de otras personas.

Que en todas tus relaciones con los hombres (no solamente en el matrimonio) busques la guía del Espíritu Santo en la aplicación de la visión bíblica de la masculinidad y la feminidad, que desarrolles un estilo y actitud que haga justicia y se corresponda con el rol distintitivo que Dios le ha concedido al hombre de sentirse responsable por el liderazgo con relación a las mujeres, un liderazgo que involucra elementos de protección y provisión y un patrón de iniciativa; que puedas pensar creativamente y con sensibilidad cultural (tal como él debe hacerlo) mientras le das forma al estilo y tono de tu interacción con los hombres.

Que puedas ver las directrices bíblicas sobre lo que es apropiado e inapropiado para los hombres y las mujeres, y verlas, no como restricciones arbitrarias a la libertad, sino como una sabia receta llena de gracia sobre cómo descubrir la verdadera libertad que ofrece el ideal de Dios, el complementarismo bíblico; que no midas tu potencial por el número limtado de roles se que se te han retenido, sino por el sinnúmero de roles que se te han ofrecido; que mires al amoroso Dios de Las Escrituras y sueñes acerca de las posibilidades que tienes de servirle a Él.

Extraído del libro “Recuperando la masculinidad y feminidad bíblicas: Una respuesta al feminismo evangélico” por el Pastor John Piper. (Crossway Books. Usado con permiso.)

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